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sábado, 23 de mayo de 2009

Traje masculino, el Choricero de Candelario

el Choricero de Candelario

PROCEDENTES DE LAS LÁMINA EN COLOR DE LA SOCIEDAD HISPANICA DE AMERICA
Impreso por orden de los depositarios Nueva York 1932


Por real privilegio firmado en el sitio del Buen Retiro por el rey don Fernando VI, el 17 de enero de 1758, se concedió permiso a don Manuel Ruiz de Urive para publicar, en ‘Madrid, un Diario curioso, erudito comercial y económico dio principio su publicación el l°de febrero de dicho año, y se le dio forma de medio pliego español.
Tuvo limitado comienzo y muchas veces para renacer otras tantas, pero resisti los embates de la desventura y subsistió muchos años, aunque redujo su cabecera por la de “Diario de Madrid”.
En una de las colecciones existentes hoy, he buscado afanosamente noticias sobre el llamado Choricero de Candelario y mi curiosidad se ha visto pagada. En uno de los de
principios del siglo XIX, pude leer el siguiente curioso aviso:
“Ha llegado a la calle de Tudescos, casa número 21, Juan Rico, el que trae una partida de chorizos, jamones y sábanas de lienzo casero, con toda equidad.”
En la calle de Tudescos, que antaño partía de Santo Domingo y conducía hasta la de la Luna, dicen que vivió una amante de Miguel de Cervantes y que en ella solía esconderse Luis Candelas Pues bien, como hemos visto, en esta vía pública, en pleno corazón de la Villa y Corte, hacía sus negocios el Choricero de Candelario.
Ello demuestra que Juan Rico era un comerciante de pro, pues no se mezclaba con los vendedores callejeros, que tanto abundaban, de gritos agrios y disonantes. No, Juan Rico ofrecía y vendía su preciada mercancía en el número 21 de la calle de Tudescos y, si acaso, su único cliente al que acudía con su fardel al hombro,
vivía en Palacio.
Seguro que Juan Rico, acabada la jornada, vestiría su mejor traje: calzón corto de terciopelo oscuro y botones de filigrana. Camisa blanca, chaleco labrado en varios colores, chaqueta de felpa de seda negra, faja roja con flecos; polainas de paño negro y zapatos de igual color. Y cubierto con su sombrero de paño y terciopelo negro, con dos madroños y barbacho, se echaría calle adelante hasta la Puerta del Sol y, desde ésta, se mezclaría con los afectados paseantes de las fuentes de Apolo y Neptuno y pasearía, a lo largo y a lo ancho, del Paseo del Prado. Sin duda, alguien la reconocería:
— Mira, ahi va.
— ¿Quién?
— Juan Rico, el Choricero de Candelario; el que pintó Paco Bayeu para un tapiz.

GARCIMAR

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