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miércoles, 13 de enero de 2010

Francisco Nuñez Losada

   Dada la importancia de este pintor Candelariense,(Candelario1899-Madrid 1973) reconocido mundialmente. Y a la extensa información de que dispongo (se podría hacer un blog para el solo), he creado una nueva categoría en el blog "Núñez Losada";



Biografía. Autor: Luis Gallego Molina, 1986

Francisco Núñez Losada nació en 1889 en Candelario, esa bella zona salmantina de la cordillera central, pegada a Extremadura y Avila. Sus padres, Francisco Núñez Hernández y Natalia Losada, eran de San Felices de los Gallegos, casi frontera con Portugal.

 El progenitor nos es presentado como hombre recio de carácter, de fuerte voluntad y bondadoso. No solicita ni pide, es meticuloso y tiene un gran sentido del deber. La madre se inclina a la filosofía. Este hombre íntegro es empleado de telégrafos, organismo en el que llego ha ostentar la jefatura de la central de Madrid.

El cargo tuvo varios traslados y los hijos tuvieron que seguirlos junto a sus padres. El primero fue Candelario, posteriormente Salamanca y en ella dio el niño Francisco sus primeros pasos como estudiante de dibujo y violín. El progenitor buscó para sus hijos una educación avanzada y amplia. El mismo era en aquellos tiempos un hombre evolucionado, que seguía de cerca los avances de siglo XIX y los primeros años del XX. Las dos carreras de que su hijo Paco iniciaba en la ciudad dorada, eran fruto de ideales procedentes del romanticismo tardío que vivió España.

En la Escuela de Dibujo y Música de San Eloy, se inició su aprendizaje en ambas especialidades. Su mentor fue don Napoleón. Sus hermanos Agustín y Abelardo, compartieron las clases con él, aunque ambos emprendieron luego otros rumbos. Don Pantaleón y don Manuel lograron que Salamanca fuese el punto de partida de una gran carrera de pintor. Cercano nuestro artista a los setenta y cinco años, me hablaba en su jardin de sus paseos dominicales por las orillas del Tormes y de sus primeros esbozos de aquellos paisajes."De Salamanca tengo el recuerdo de una ciudad de encajes. En ella se fueron acumulando civilizaciones y estilos. No teme la comparación con la misma Florencia".

  Nuñez Losada pintó luego repetidas veces la ciudad y la provincia, La Alberca, Miranda del Castañar, Sierra de Francia, Ciudad Rodrigo, San Felices de los Gallegos, Alba de Tormes, Bejar, Hervas, Las sierras y pueblo de Candelario, fueron algunos de sus cuadros sobre la tierra amada. Siempre soñó con hacer una exposición en Salamanca. Encargos, viajes, docencias, fueron demorando el proyecto hasta 1986.

 En su última época recordaba vivamente Candelario. Sus balcones, el trazado árabe de su casco viejo, la geografía complicada de sus calles, los tocados peculiares de sus paisanas, junto con la parquedad de sus hombres. En su casa de Madrid, reprodujo el rincón favorito de Candelario: la llamada Fuente Romana. En su borde solía sentarse en silencio, sobre todo al final de su vida. Sumergía en el agua su mano derecha y no era dificil imaginar sus pensamientos.




El nuevo destino de su padre le llevo a Valencia. Cambió el aire de cristal de la capital salmantina , por el calignoso y marítimo del Turia. Nada mas llegar, prosiguió sus estudios en la escuela de la Real Academia de San Carlos. Sus clases eran las llamadas "del Antiguo", de cerámica y "del Natural". Sus maestros fueron Stolz, Cebrián y Palau. Con ellos estuvo algo menos de cuatro años, pues en 1903, ha de seguir nuevamente al cabeza de familia a otro destino, el último y definitivo, Madrid.

 Ya poseía el pintor una mano de trazo firme, que su hermano mayor alababa en uno de sus escritos. Había conocido la pintura "luminista" de Sorolla, así como las de Pinazo, Mas, Fontdevila y Meifrén. Y había tenido experiencias musicales, en una capital volcada a esta expresión del arte.

En ese 1903, fundamental para su vida, ingresa en la Escuela de San Fernando. Su maestro es ahora don Cecilio Pla, que no olvidará nunca al salmantino y que años después escribirá de él: " Hoy ya es un maestro, lleno de prestigio y gloria. Estoy muy orgulloso de haberle tenido de discípulo". Núñez Losada recordará siempre que a los quince años don Cecilio le auguró un porvenir brillante, "si al llegar tu mocedad, época que a veces cambia a los jóvenes, mantienes tu voluntad de hoy".

Sus estudios y el Museo del Prado fueron los dos grandes devaneos junto a la visita apasionada a todas las exposiciones que en Madrid se celebraban. El violín yacía semiabandonado, ante la pasión por la pintura.

Continuará.

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