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martes, 16 de marzo de 2010

MUSEO DE CANDELARIO SALAMANCA, DOSSIER DE PRENSA




El desván del Museo de Candelario

DOSSIER DE PRENSA MUSEO DE LA
CASA CHACINERA DE CANDELARIO
La Sierra de Candelario se encuentra poblada por frondosos bosques de castaños, cuya emblemática flor recibe en la comarca el nombre de candela, y está surcada por numerosos arroyos que garantizan un paisaje siempre verde. Al ser una comarca rica en pastos no es de extrañar que su economía se haya fundamentado en la ganadería en mayor medida que en la agricultura.
En la antigüedad predominaba la cría de ganado caprino, totalmente adaptado a esta región montañosa, que permitió la subsistencia de sus pobladores desde época prerromana. La gente con más recursos se permitía criar también cerdos y bueyes que eran sacrificados para el consumo doméstico. La carne se embutía para garantizar su conservación y servir así de reserva para todo el año. Poco a poco se fue generalizado la cría y matanza de cerdo, con el consiguiente aumento de la producción de carne embutida. Desde mediados del siglo XVIII el embutido de cerdo se convierte en el motor económico principal de Candelario,
surgiendo la industria chacinera.
El aumento de producción conllevó también un excedente que se empezó a comercializar con gran éxito en lugares cada vez más distantes. El chorizo de Candelario fue ganando fama en todo el país, siendo especialmente apreciado en la Villa y Corte de Madrid, hasta el punto de que el famoso Tío Rico llegó a ser proveedor de Palacio.
Lo que comenzó siendo un pueblo de pastores evoluciona hasta convertirse en una localidad de mercaderes y comerciantes que consiguen notables beneficios económicos a costa de unos embutidos de gran calidad. La matanza se convierte en el centro de la actividad anual. Desde noviembre hasta enero las casas chacineras se convertían en lugares rebosantes de actividad. De los pueblos vecinos, como La Garganta, Tremedal…, venían mozos y mozas a prestar sus servicios en Candelario. Los mozos se encargaban de la matanza de los animales, que se sacrificaban a la puerta de las casas, y de llevar el embutido desde la planta baja hasta el desván. Las mozas preparaban el adobo, picaban la carne de los cerdos y los bueyes y la mezclaban y, por último, la embutían elaborando los chorizos que dieron fama a esta localidad. Cuando la matanza terminaba, los mozos retornaban a sus lugares de origen. Se desarrolló una sólida red de comercio para distribuir el embutido por todo el territorio nacional. Desde Candelario partía una diligencia en la que se llevaba la producción de cada Casa Chacinera hasta Madrid. Allí se distribuía en diferentes medios de transporte hasta los puntos de venta que las familias tenían en ciudades como Granada, Algeciras… A su regreso de Madrid los vecinos que habían ido a vender sus chorizos traían toda clase de objetos y noticias, de tal forma que Candelario se convierte en una localidad moderna, siempre al día de las últimas novedades de la capital.
El auge económico de la industria chacinera permite que se desarrollen otras industrias complementarias. De este modo, a principio del siglo XX encontramos una fábrica de luz propia, una fábrica de papel para envolver el embutido, carpinteros encargados de hacer los cajones para transportar los chorizos… También surgen sociedades de recreo y ocio, contando con dos casinos, uno de ricos y otro de pobres, y sociedades aseguradoras, como la Sociedad de la Triquinosis, que aseguraba la carne del cerdo en caso de enfermedad.
A mediados del siglo XIX la industria chacinera de Candelario llegó a alcanzar unos altos niveles de producción. Sin embargo, en el primer tercio del siglo XX esta actividad entró en un declive progresivo hasta su desaparición definitiva, lo que obligó a los habitantes de Candelario a retomar la agricultura y la ganadería y a trabajar en las fábricas de Béjar o en otras localidades vecinas. El principal motivo de esta decadencia fue precisamente que el embutido, al ser un producto de gran calidad, implicaba unos costes económicos y de
tiempo que en el nuevo sistema de mercado lo convertían en un producto no competitivo.
En la actualidad, el Museo de la Casa Chacinera pretende rendir un homenaje a esta forma de industria que posibilitó un desarrollo sin par en toda la comarca desde el siglo XVIII hasta principios del siglo XX. Con ello se hace también distinción y cumplimiento a toda una forma de vida que los habitantes aún hoy recuerdan y que configuró su particular sistema de organización social y económica. Además, mediante este Museo se pretende incrementar el potencial turístico y cultural de esta localidad de por sí ya asentada en el
segmento turístico de alto valor paisajístico e histórico.
Poster de Candelario salamanca

LA CASA CHACINERA Y LA MATANZA
La casa chacinera de Candelario es un excelente ejemplo de los distintos usos que puede tener la arquitectura tradicional. Su estructura se configura para servir a dos fines principales: por un lado, vivienda y, por otro, fábrica y almacén de embutidos. Como vivienda debía satisfacer las necesidades de la familia, los mozos y mozas que les servían permanentemente y, además, ser capaz de acoger a los mozos ymozas que permanecían en Candelario durante la época de la matanza. Como fábrica de embutidos debía contar con los espacios necesarios para realizar la matanza, picar la carne, adobar, embutir y almacenar con las condiciones necesarias el producto resultante.
Por eso nos encontramos con casas grandes y sólidas, construidas con piedra y madera, que reflejaban también la bonanza económica de esta localidad. La casa chacinera tipo consta de tres plantas:
Planta baja; muy maciza y con pocos vanos al exterior. En ella se encuentra el zaguán (llamado patio) y el picadero, amplios salones empedrados donde se hacía el despiece y se elaboraba el embutido. Cuando la parcela lo permite se comunica con un patio trasero o cuadra.
Primera planta; destinada a vivienda. Aquí se encuentran las alcobas de los mozos, las alcobas de la familia, la cocina y la despensa. La parte más significativa es el escampiaó, un amplio descansillo que permite acceder sin trabas con la carga de embutido hasta el desván
Segunda planta-desván; la planta superior del edificio permanece diáfana y estádestinada al almacenaje y curado del embutido. Dispone de ventanas que permiten la ventilación de la estancia en caso de que el día sea seco, y de un lugar donde encender fuego para secar el aire los días de mucha humedad. Una gran abertura llamada tillo comunica directamente con la cocina, de forma que todo el humo producido en ésta impregna el desván y se filtra por el tejado. Las casas de Candelario no tiene chimeneas.
Además de esta estructura general de la casa hay que destacar uno de sus elementos más
emblemáticos y reconocibles por todos los que visitan Candelario: la batipuerta. Se trata de
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una sobrepuerta de madera, de media altura, que se abre hacia fuera. Esto permite la
entrada de la luz y del aire, al tiempo que impide el paso de los animales en los días de
matanza. Además, es de gran utilidad en los crudos inviernos ya que aísla la entrada y
permite apartar la nieve al abrirla y facilitar la salida y el acceso a la vivienda.
La matanza
La matanza era la actividad principal que articulaba la vida de Candelario. Tenía lugar
durante el invierno, desde finales de noviembre hasta febrero. Desde los pueblos de
alrededor venían los mozos y mozas a servir en las casas chacineras. Venían por la
Purísima, 8 de diciembre, y permanecían aquí hasta la fiesta de la Candelaria, el 2 de
febrero. Los hombres se encargaban de sacrificar los animales, atando antes a los bueyes en
la argolla que hay en la puerta de las casas. La matanza se hacía en la calle y se aprovechaba
el agua de las regaderas para la limpieza de la sangre. Los cerdos se socarraban con
helechos para eliminar los pelos y se limpiaban también con el agua de las regaderas. La
proporción que se observaba para la elaboración del afamado embutido de Candelario
implicaba la matanza de un buey por cada seis cerdos.
Las mujeres se encargaban del picado y el adobo de la carne, mezclando bien la carne de
cerdo con la de buey. Las mozas también se ocupaban de embutir, poniendo especial
cuidado en que todos los chorizos tuviesen el peso adecuado, ya que estos se vendían por
docenas y los señores de la casa eran muy meticulosos y tenían bien controlado el peso en
libras de cada docena y la cantidad de éstas que saldría de cada matanza. Una vez atados los
chorizos, los mozos los subían hasta el desván y los dejaban colgados en varas para su
curación.
La estructura de la casa favorece el curado del embutido. Las ventanas se abren cuando las
condiciones climatológicas lo permiten, manteniendo la estancia bien ventilada. El sereno
se encargaba de avisar de los cambios de viento para que los vecinos cerrasen las ventanas
o las abriesen, según fuera conveniente. En los días más húmedos se aprovechaba el humo
que subía desde la cocina para secar el aire y evitar que el embutido criase remelo. También
se encendía lumbre en el desván en casos de necesidad. Sin embargo, hay que dejar claro
que no se ahumaba el embutido, sino que el humo se empleaba como medio para secar el
aire, no para la curación.
la despensa de la casa chacinera de Candelario salamanca

MUSEO DE LA CASA CHACINERA
La casa chacinera y la matanza constituyen el fundamento para la creación de un particular Museo Etnográfico que muestra el modo de vida básico en Candelario a finales del siglo XIX y principios del XX. La ambientación de esta casa chacinera se consigue empleando mobiliario y enseres originales cedidos por los vecinos y que han sido utilizados en la vida cotidiana de esta villa. La musealización prima el protagonismo de los propios objetos, de tal forma que la información aportada por paneles o módulos expositivos complementarios está perfectamente integrada en los diferentes ambientes para evitar la ruptura del discurso museológico.
La división espacial de la casa en aras de la funcionalidad nos permite tematizar diferentes aspectos de la vida  cotidiana, ofreciendo así al visitante las claves para la comprensión de la Casa Chacinera integradas en una visita que se caracterizará por la ausencia de cortes bruscos.
La musealización contempla además una actuación teatralizada que facilita al visitante dar el salto preciso en el tiempo y sumergirse en el ambiente de la matanza en Candelario entorno
a 1920, de modo que comprenda mucho mejor los diferentes objetos que le rodean y, en definitiva, el propio museo.
La visita a este particular Museo etnográfico es apta para públicos muy variados, ya que combina hábilmente una serie de elementos que la hacen interesante tanto para los sectores más interesados en la cultura tradicional de la comarca, como para todos aquellos que simplemente quieren disfrutar de un buen rato en un entorno único y agradable. Para lograrlo se han contemplado tres elementos principales:
1.- La casa. Además de ser el continente, constituye en sí mismo un objeto más del museo y, como tal, es explicado en el discurso museológico. Descubriremos el sentido de elementos tan emblemáticos de Candelario como la batipuerta o sus regaderas. El recorrido permite que el visitante comprenda la importancia de la casa como espacio vivido en la cultura tradicional, transportado al pasado en la visita teatralizada.
2.- Colección etnográfica. Dentro de la casa se encuentra una excelente colección de objetos formada por las más de 400 piezas y enseres que los vecinos de Candelario han cedido en depósito al museo, elementos originales que ayudan a contextualizar y a ambientar las diferentes estancias, dando un mayor realismo a la casa. Se ofrece la información relevante sobre estos objetos de una forma didáctica amena para cumplir nuestro principal objetivo: aprender disfrutando.
3.- La cultura no material. A los dos elementos anteriores hay que sumarle toda la serie de situaciones que se producían alrededor de la matanza. En este caso tienen especial importancia la teatralización y la musealización mediante paneles explicativos puntuales, y medios audiovisuales, todo lo cual nos ayudará a crear un espacio vivido con la casa, los objetos y una serie de escenas cotidianas de la vida tradicional.

Fuente: sercam.es
Logo museo de Candelario

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